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MADRID, CAPITAL DE SICILIA


Imagen: PETRY FRYBA – SORG RENNSPORT

Madrid. Esa comunidad que lo tiene tan complicado siempre en el motorsport y que constantemente se empeña en sacar grandes deportistas que lleven su nombre a lo más alto de los podiums internacionales. Podría hablar largo y tendido de los Sainz, padre e hijo, Antonio García, su tocayo Albacete, o el mas reciente Pepe López en el mundo de los rallyes, pero hoy me quiero centrar en un hito no a nivel individual, sino colectivo, que debería ser motivo de orgullo de todos los madrileños.

En la mayoría de las ocasiones las cosas importantes de la vida, o al menos en la vida de los que vivimos dentro del mundo del motor suelen venir en forma de carambola o, como en este caso, en forma de llamada telefónica ofreciendo un sitio en la parrilla de la mítica Coppa Florio a disputarse en el autódromo de Pergusa (Sicilia), un trazado que rodea el lago del mismo nombre y en el que el marcador no baja de los 200 Km/h en prácticamente ningún momento.

WhatsApp volando, llamadas frenéticas, el tiempo llegando al descuento para cerrar los equipos… Y el resultado no podía haber sido más satisfactorio, en especial para los “nacionalistas madrileños” como yo, por que tengo que reconocer que ver triunfar a pilotos españoles me gusta, pero si son de Madrid, para mi tiene ese pellizquito que te coge el corazón.

José Manuel de los Milagros, Álvaro Fontes, Sergio Paulet y Yannick Guerra, además del ingeniero Eduardo Cañada hacían las maletas para representarnos a todos los madrileños amantes del automovilismo en una cita de un calado que por desgracia en España no tiene ni la décima parte de repercusión que debería, pero que desde estas líneas y a través de este medio, quiero poner en el mapa. Es de justicia.

La experiencia de Fontes y De los Milagros, unido a la explosividad de un Paulet que tiene el futuro en sus manos, “aderezado” con la finura motociclista de Guerra y comandados por el ingeniero Cañada dieron como resultado una segunda posición en la categoría, que de no haber sido por una sanción consecuencia de un cambio de pieza, se hubiera saldado con un triunfo prácticamente indiscutible.

Y lo mejor de haber ganado no hubiera sido solo escribir sus nombres con letras de oro en el palmarés, sino que lo habrían hecho justo después de otro madrileño de apellido ilustre, un tal Emilio de Villota, que en 1981 venció la Coppa al volante de una Lola T600 Ford. Como decimos aquí, casi ná.

Sirva este artículo para poner en alza el alto nivel ya no sólo de los pilotos madrileños, sino de los mecánicos, ingenieros y demás personal que forma parte de este apasionante mundo. A mi juicio, pocos argumentos más hacen falta a nivel deportivo para que se apoye de forma más decidida y contundente al automovilismo madrileño desde las instituciones públicas, y hacer que el mundo del motor sea visto como lo que debería, un escaparate de formación y valores, de esfuerzo y trabajo, con el que nuestros mejores hombres y mujeres puedan salir fuera a lucir con pasión (y motivos) la marca Madrid, como ya sucede con otras comunidades como Cataluña, Comunidad Valenciana o Galicia entre otras.

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