DE LA ETAPA BURGALESA AL DESIERTO DE ARABIA: VIDA Y OBRA DE CRISTINA GUTIÉRREZ

Llegados al ecuador del Dakar, hacemos un balance de la trayec-toria de la piloto de Red Bull.


Imagen: RED BULL CONTENT POOL

Una firma nipona vencía por primera vez las 24 Horas de Le Mans gracias al Mazda 787B, el primer disco de Alejandro Sanz veía la luz y Nirvana lanzaba Nevermind al mismo tiempo que la URSS desaparecía… Y entre todos estos sucesos, aquel ya lejano 1991 traía al mundo a Cristina Gutierrez Herrero, y, curiosidades del destino, lo hacía un 24 de Julio, una fecha donde tradicionalmente tiene lugar la emblemática Baja España que dicho año se la anotaría Kenneth Eriksson por delante de nombres como Vatanen, Auriol o Waldegaard.

Hablar de casos de éxito en comunidades como Asturias, Cantabria o Cataluña, más allá del peso que el Motorsport tiene en estas regiones, es algo a lo que en mayor o menor medida estamos acostumbrados, algo que no sucede en otros territorios como Burgos, localidad natal de nuestra protagonista, pero que sin embargo contaba con una de las pruebas de raids más valoradas por los pilotos como era la Baja Tierras del Cid, que en el año 2010 acogió el debut de Cristina, la cual por aquel entonces contaba con su hermano Gustavo como navegante.

Tenacidad. Sin duda esa puede ser la palabra que mejor defina a una Cristina que compaginaba su formación como odontóloga mientras daba pasos de gigante en su carrera al volante, añadiendo a sus vitrinas año tras año los trofeos de mejor fémina en el Campeonato de España de Rallies Todo Terreno hasta que en 2015 su carrera cobraría una nueva dimensión, al finalizar en segunda posición absoluta del campeonato (mejor resultado hasta el momento de una mujer), y no solo eso, sino que tuvo la oportunidad de ir al Campus FIA Qatar, donde pudo compartir sus inquietudes con figuras de la talla de Jutta Kleinschmidt, su referente femenino en el mundo del Cross Country, o Fabrizia Pons.

Sin duda, aquel subcampeonato y el Campus FIA fueron señales inequívocas de que el futuro de Cristina debería estar en la prueba mas dura de esta especialidad, el Dakar. Y allá que fue con el Mitsubishi Montero que tantas alegrías le había dado en el pasado, con el firme objetivo de acabar. Y lo hizo. 

A partir de ahí la progresión de “Tortu”, el apodo con el que la conocen sus amigos, ha ido en progresión ascendente, sin titubeos, sólida y con una determinación al alcance de un pequeño grupo de elegidos que la llevó a dar otro paso importante adelante hace dos años, cuando, de nuevo con Mitsubishi y Pablo Moreno de copiloto, dieron el salto a la categoría T1, los pesos pesados de los todo terreno, con el que logró rozar el Top 25 en su primer intento.

Pero en 2020 llegó el que seguramente haya sido el penúltimo (seguro que en un futuro no muy lejano habrá más) punto de inflexión, cuando la firma nipona y la burgalesa decidían separar sus caminos, dejando ante ella un escenario similar al que cada día ve desde el bácquet etapa tras etapa, es decir, un desierto lleno de oportunidades, y es que debido a la pandemia provocada por la COVID-19 las oportunidades de brillar y demostrar, una vez más, su potencial, eran prácticamente nulas. Se tenía que jugar su futuro a una carta. 

Pero cuando uno tiene el talento de Cristina Gutierrez, las posibilidades de que esa mano de la partida “salga buena” son altas. Se presentó en la novedosa Baja Andalucía con un Mini de X-Raid y se desmelenó, consiguió firmar tiempos propios de los Peterhansel y compañía, lo que la llevó a recibir, y aceptar, la oferta del equipo X44 de Lewis Hamiltonpara disputar la Extreme E compartiendo equipo con el nueve veces campeón del Mundial de Rallies Sebastien Loeb, aunque la cruz de la moneda, de nuevo en este año tan complicado, volvería a aparecer cuando unas semanas antes de su tan preciado Dakar uno de los sponsor principales se caía, dejando su participación en entredicho, hasta que una milagrosa llamada la mandaba de nuevo a Arabia Saudí para tomar la salida en uno de los OT3 By Overdrive del equipo Red Bull. Otra oportunidad y otro éxito: ser la primera española en ganar una etapa y la segunda mujer en la historia del Dakar.

La carrera ideada por Thierry Sabine no acostumbra a ser la más agradecida, de hecho podría ser el perfecto reflejo de lo que es el automovilismo, ese deporte donde para llorar de la alegría hay que hacerlo un centenar de veces antes de rabia e impotencia. La caja de cambios de Cristina ha dicho basta en la segunda parte de la etapa maratón camino de Neom, pero eso no empaña en ningún caso la brillante actuación de la burgalesa, luchadora dentro y fuera del coche.

A buen seguro el Dakar la tiene más alegrías reservadas, mimbres tiene para ello, y ahora se encuentra en lo que podríamos denominar una posición ciertamente dulce, con el apoyo de uno de los patrocinadores más potentes del mercado y unos proyectos sobre la mesa que, una vez más, sabrá aprovechar. El futuro es suyo.

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